Una zona prácticamente desconocida para la sismología comenzó a entregar nuevas pistas sobre su comportamiento. Investigadores de la Universidad de Chile identificaron por primera vez señales de tremores tectónicos en el límite donde interactúan las placas Antártica y Sudamericana, en el extremo austral de la Patagonia chilena.
El descubrimiento aporta evidencia directa sobre la forma en que se libera energía en profundidad en uno de los bordes convergentes menos estudiados del planeta y podría contribuir a comprender mejor el peligro sísmico de esta remota área del país.
Detectaron más de 1.500 episodios bajo tierra
Para realizar la investigación, los especialistas analizaron información obtenida mediante una red sísmica temporal que permaneció instalada durante cerca de dos años.
Los registros permitieron identificar 1.540 episodios de tremor tectónico profundo, localizados aproximadamente entre 30 y 40 kilómetros bajo la superficie.
La actividad no se presentó de manera constante, sino que se concentró en tres grandes períodos separados entre sí por varios meses.
La investigadora Kellen Azúa destacó la relevancia del hallazgo señalando que “Es la primera vez que se observan esas señales en esa zona y nos comienza a dar luces de lo que está pasando y cómo se está liberando la energía entre estas dos placas“.
¿Qué son los tremores tectónicos?
A diferencia de un terremoto convencional, estas señales no corresponden a una ruptura repentina capaz de generar una fuerte sacudida.
Los tremores tectónicos son movimientos sísmicos débiles y prolongados asociados a deslizamientos lentos entre placas.
Energía que se libera de manera gradual
En términos simples, en lugar de que la tensión acumulada se descargue bruscamente, las placas pueden desplazarse lentamente mientras liberan energía durante un periodo más extenso.
Comprender este comportamiento resulta especialmente importante porque permite estudiar cómo interactúan las placas incluso en lugares donde no existen antecedentes conocidos de grandes terremotos de contacto entre ellas.
Placas Antártica y Sudamericana mantienen contacto en profundidad
Otro de los resultados relevantes fue comprobar que las señales se desplazan lentamente bajo el territorio.
Los investigadores calcularon velocidades de migración que fluctúan entre 5 y 20 kilómetros diarios, un comportamiento similar al observado en otras zonas de subducción, como Japón y Cascadia, esta última ubicada frente a las costas de Estados Unidos y Canadá.
Azúa explicó que “Lo que nos dice es que, efectivamente, estas placas están en contacto en profundidad, hay deformación y se está liberando energía, en este caso, de forma más lenta o más continua, en vez de la sismicidad típica que nosotros sentimos“.
Mareas también influirían en la actividad
Los científicos encontraron además una relación entre la intensidad de los tremores y las variaciones de las mareas oceánicas.
La actividad aumenta y disminuye siguiendo ese ciclo, comportamiento conocido como modulación tidal.
Esta característica refuerza la hipótesis de que las señales provienen del contacto profundo entre las placas y no de procesos sísmicos superficiales de la corteza.
Una región donde existen pocos registros sísmicos
El límite entre las placas Antártica y Sudamericana ha sido históricamente difícil de estudiar debido a las condiciones geográficas del extremo sur de Chile.
La escasa población, el aislamiento y la limitada disponibilidad de caminos complican la instalación y mantención de instrumentos científicos durante largos periodos.
Hasta antes de este estudio tampoco existían antecedentes de grandes terremotos de interplaca en el área. Los movimientos conocidos correspondían principalmente a eventos sísmicos pequeños y superficiales.
Instalar instrumentos fue parte del desafío
La detección adquiere especial relevancia porque este tipo de señales suele requerir redes de monitoreo altamente sensibles.
Los primeros tremores tectónicos identificados a nivel mundial fueron descubiertos en Japón en 2002 y, desde entonces, su observación ha estado estrechamente vinculada a zonas que cuentan con una gran concentración de sensores sísmicos.
Instalar una red de estas características en la Patagonia austral significó, por lo tanto, un desafío logístico adicional para el equipo científico.
Hallazgo podría ayudar a evaluar mejor el peligro sísmico
El trabajo fue encabezado por Kellen Azúa y Sergio Ruiz, del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, junto con Satoshi Ide, investigador de la Universidad de Tokio.
Los resultados fueron publicados durante 2026 en la revista científica Geophysical Research Letters.
Respecto de sus implicancias, Sergio Ruiz sostuvo que “Este estudio es importante: nos permite conocer mejor la zona y avanzar en la caracterización del peligro sísmico que ocurre ahí”.
Los investigadores consideran que el siguiente paso será mantener observaciones durante periodos mucho más extensos. Para ello, plantean la necesidad de contar con redes sísmicas permanentes que permitan seguir la evolución de estos tremores y profundizar en el conocimiento sobre la interacción entre las placas Antártica y Sudamericana.



